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La psicología moderna ha descubierto recientemente lo que la Sabiduría Eterna ha sabido a través de los siglos, esto es, la importancia del Símbolo y del Ritual para la vida interna del hombre. El hombre trató de establecer, de dramatizar en forma de representaciones escénicas ciertas verdades fundamentales de la naturaleza que había descubierto, ya que la comunicación consigo mismo y con su medio ambiente es a través de símbolos, pues el “lenguaje propio” de nuestro subconsciente es el símbolo. Los saludos, las despedidas, los procesos sociales, legales y parlamentarios, las reuniones de todas las clases, bodas, funerales, etc. sólo son unas pocas de las formas en las que la humanidad pone en práctica la “fórmula Ritual”.

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Los egipcios aprendieron, tal como nosotros ahora, que los dramas de las ceremonias usando música, cánticos, colores, olores e indumentaria pintoresca se grababan como una experiencia inolvidable en los participantes, y que las lecciones subsecuentes se imprimían más fácilmente en la mente de los asistentes.

Un Ritual efectuado apropiadamente forma un eslabón entre el aspirante y las Fuerzas Evolutivas más altamente desarrolladas. Lo que es conocido en la Tradición de Misterios Occidentales como “Escuela Interna o 3ª Orden” está capacitada para utilizar este eslabón poniendo así a nuestra disposición energías espirituales con el fin de intensificar y apresurar nuestro propio crecimiento y controlar las partes no desarrolladas de nuestra naturaleza. El impacto dramático del ritual en el subconsciente ayuda a romper la inercia de viejos modelos de hábitos negativos y abre las Puertas Internas para reforzar la cooperación consciente con la Voluntad Divina, con el Modelo Cósmico. Lo único que puede conducir al hombre a la Gran Luz es la Luz Interna, pero para llegar a esta suprema realización, relacionando esa experiencia con la consciencia normal de manera que no se presente como un relámpago, es necesario que la consciencia normal esté preparada para recibirla. Si los que tienen conocimiento de la Luz Divina en cualquiera de sus aspectos desean ayudar al neófito a obtener una comprensión consciente de la naturaleza de esa Luz tienen que suministrarle una cadena de ideas eslabonadas, una verdadera escala de Jacob que recorra todos los planos mediante una correspondencia adecuada en cada uno de ellos.

Cada objeto existente en un Templo debe ser una representación simbólica de los diferentes aspectos de la energía que funcionan en el plano al que se desea elevar la conciencia del participante. No todos los objetos que puedan elegirse al azar de acuerdo con su parecido superficial con la cosa que se trata de simbolizar sirven para ello. La creación en la conciencia de una imagen del símbolo forma un punto de contacto con la fuerza que se trata de representar. Forma, color, movimiento, sonido e incienso hacen impactos en las puertas de los sentidos físicos y cada uno de ellos es una correspondencia de los sentidos sutiles, construyéndose de esta manera la imagen simbólica. Entonces el conjunto se transformará en una experiencia de los vehículos o cuerpos sutiles sobre los cuales se trata de influir.

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